Por
Andrés Burgos
Viviana
era lo más parecido al modelo que yo me había trazado
de mujer ideal. Pero con ella cometí un error: le hablé
de mis gustos. Y ahí fue el acabose. Me miró como
si le estuviera proponiendo una experiencia colectiva de penetración
anal, me dio a entender que sus expectativas frente a la vida
eran las normales (esas fueron sus palabras) y que los temas de
los que yo le hablaba le lucían sospechosamente atípicos.
Viviana
era lo más parecido al modelo que yo me había trazado
de mujer ideal. Pero resulta que yo tenía diecisiete años
y era un romántico. Pensaba que en el mundo ciertas cosas
eran compatibles. Mi desnudo ante Viviana consistió simplemente
en expresarle algunas inquietudes literarias, musicales y cinematográficas.
De
forma similar quedaron caducas muchas de mis amistades. O caduqué
yo para ellas. Y fueron reemplazadas por otras más compatibles,
por seres virtuales o concretos, interlocutores potenciales que
me hicieron sentir que yo entendía el mundo que describían,
así no fuera ni remotamente cercano al mío.
De
este modo conocí, entre otros, a Jim Jarmusch. Y no es
que yo tenga la posibilidad de sentarme a tomar una copa con la
cabeza más visible (este calificativo podría atribuirse
a sus canas filadas en un peinado que permanecerá llamativo
en cualquier época) del cine independiente norteamericano.
Pero da lo mismo. Viendo sus películas siento que podría
hacerlo. Soy amigo de Jarmusch, aunque él no lo sepa.
Él
me presentó a Roberto Begnini, antes de que "La Vida
es Bella" lo hiciera mundialmente famoso. Vi al prosopopéyico
italiano como un taxista que no conoce el silencio en "Night
on Earth". Gracias a "Down by Law" me enteré
de que Tom Waits podía ser un personaje tan contradictorio
como su voz desgarrada de cantante de bar triste. También
me ha hecho saber que estrellas de Hollywood tan cotizadas como
Johnny Depp y Forest Whitaker tienen facetas intrigantes para
mostrar cuando una batuta con sentido particular los dirige.
Las
películas de Jarmusch no son pretenciosas. No creo que
haya alguien que diga que alguna le ha cambiado la vida. En ellas
simplemente se despliega el gusto por contar historias, el placer
de delinear personajes que no por absurdos resultan poco verosímiles.
Le gusta transgredir las barreras lingüísticas y culturales.
En "Mistery Train" una pareja de japoneses obsesionada
con Elvis Presley habla la mitad del tiempo en su idioma natal
y en "The Ghost Dog" los mejores amigos, un samurai
negro y un vendedor de helados haitiano, no entienden una palabra
de lo que dice el otro.
Películas
tranquilas, con predominio de la cámara sobria, diálogos
escuetos y el humor y el drama insinuados de forma tan sutil que
uno llega a pensar que podrían ser la misma cosa. Cada
banda sonora es un culto del director a sus mitos musicales. Jim
Jarmusch se plantea como una buena alternativa para quien está
extraviado en el limbo que deja la ruptura irreconciliable entre
las previsibles historias del Hollywood millonario y el desgaste
neuronal que representa enfrentarse a ciertos autores herméticos
europeos.
Películas
particulares, inclusive curiosas, las de Jim Jarmusch. Historias
proscritas de las masas y las modas. Anécdotas con un guiño
cómplice, una contraseña para quien quiera acercarse
como un camarada y compartir algo que no permitirá el acceso
a quienes tienen expectativas más normales. A mí
esta clase de amistades de ficción me ha granjeado, más
allá de momentos de deleite sencillo, posteriores interlocutores
valiosos. De Jarmusch al escritor Paul Auster hay un paso, el
mítico rockero Neil Young se pasa a vivir a la puerta del
lado y directores como los hermanos Kaurismaki se vuelven amigos
a los que se puede frecuentar con confianza. Y si hemos de hablar
de la vida real será fácil, dada la situación,
identificar por el brillo de los ojos a alguien con quien compartir
unas cervezas y una conversación que los de la mesa vecina
no van a entender. Quizá los excluidos de las tendencias
masivas nos consolamos cruzándonos con otros desterrados
de la popularidad y nos enseñamos éstas cosas como
niños raros, ansiosos de mostrar un juguete que en su casa
nadie entiende. Puede que así se consigan los pocos buenos
amigos que trae la vida en sorprendentes empaques.
Filmografía
1. Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999)
2. Year of the Horse (1997)
3. Dead Man (1995)
4. Coffee and Cigarettes III (1993)
5. Night on Earth (1991)
6.
Mystery Train (1989)
7. Coffee and Cigarettes II (1986)
8. Coffee and Cigarettes (1986)
9. Down by Law (1986)
10. Stranger Than Paradise (1984)
11. New World, The (1982)
12. Permanent Vacation (1982)