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De igual manera que para el cuento y la poesía, la sección
de crónica trae consigo un fragmento clásico o algo
alrededor del género que hoy seguimos haciendo intentos por
cultivar. La crónica que hoy presentamos ocurre no bien su
autor llega a la ciudad de Buffalo, con el modesto proposito de
aprender el ingles.
Esa
primera vista de un escenario, tan luminosa como circustancial,
tiene antecedentes numerosos. Aquí al lado de nuestro cronista
de nombre religioso, ponemos al piadoso Juan de Castellanos que
habla por las asombradas bocas de Quesada y sus soladados al contemplar
Tora (Barrancabermeja). Algo va del ardiente Valle del Magdalena
a la gélida Buffalo, pero Cruz está disfrutando del
corto verano y la pantaloneta.
Canto IV, elegía IV 
Y vistos lo buhíos y ramadas,
Se pusieron al modo de salvajes,
Vistiéndose de mantas coloradas,
Cubiertas las cabezas con plumajes:
Con voces altas y regocijadas
Hacen ostentacion de nuevos trajes,
Diciendo:"¡Tierra, buena! tierra buena!
Tierra que pone fin a nuestra pena.
"¡Tierra
de oro, tierra bastecida,
Tierra para hacer perpetua casa,
Tierra con abundancia de comida
Tierra de grandes pueblos, tierra rasa,
Tierra donde se ve gente vestida,
Y a sus tiempos no sabe más la brasa;
Tierra de bendición, clara y serena,
Tierra que pone fin a nuestra pena¡
"¡Tierra
do se destierran las malicias
De tosas estas vivas pestilencias,
Y sus valles y cumbres son propicias,
Nobles y generosas infuencias;
Tierra de quien pedimos las albricias,
Porque no son fumosas apariencias,
Sino de quien direis a boca llena
Tierra que pone fin a nuestra pena!"
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