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El
editorial que usted ahora lee está escrito a tres manos,
como una búsqueda de aquello que puede generar el trabajo
entre varios, porque un grupo no es sólo juntar disciplinas
sino insistir en la convivencia de morales, éticas, ritmos,
intenciones; y nada más propicio en esta época donde
la diferencia ha pasado de ser un reto a ser una cualidad natural.
Debe
de haber una razón concreta por la cual nace una revista;
es posible incluso que haya una buena cantidad de razones importantes
que no sospechamos. De hecho, muchos proyectos van ya a media marcha
cuando han logrado fijar objetivos, metodología, cronograma...
pero en el caso de una revista, hasta que no aparezca el primer
destello de tino y de belleza, no habrá más que un
proyecto viable. Para que haya un trozo de memoria en cada acto
humano, éste debe creer que no hay sino un mundo tan extenso
como ese acto y que, de amplificarse, no lo haría como invasor
sino como creador. Escribir es siempre un acto ingenuo, como lo
es la palabra de los más jóvenes, y como tal vez puede
ser el intento de hacer una revista donde se confíe en las
voces de los que escriben y los que leen. Estas páginas,
en este formato tan actual, serán una fuente de confianza
en el valor de sus lectores, es decir en su sensibilidad, su sensatez,
su conocimiento de sí mismos y de su entorno, y en tantas
otras cosas que los apartan de ser meros compradores potenciales.
No
es éste por cierto el tiempo de los tardos y ociosos encuentros
en los cafés, de la extensa cháchara que reunía
hace unos años a quienes miraban con afecto el mundo de las
letras y las artes; ahora es el estrépito, el incansable
afán. Pues bien, en vista de que es difícil reunir
a muchos de quienes por estos lares se dedican "al más
ingrato de los cultivos en Colombia, el cultivo del espíritu"
(como dijera una revista antioqueña en su primer número
hace casi 100 años), Rabodeají intentará ser
ese espacio de encuentro para creadores jóvenes y no tan
jóvenes en Medellín y sus alrededores.
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Aquí
no posamos de cultos pero evitamos la vulgaridad; no somos profundos,
pero le tememos al lugar común; no nos consideramos los reyes
de la chispa y el ingenio, pero aborrecemos a los sosos. Esperamos
que esta culebrita provea algo de solaz y diversión más
allá del bullicio y la desmesura de este medio.
Picante y veneno acompañan a la diminuta sierpe que da nombre
a este embeleco y acompañarán también a estas
páginas en la medida justa para que no sean indigeribles
y fatales.
Ojalá no seamos un agujero negro y olvidado en medio de este
pornográfico infinito, y gracias por sus clics.
Sale
al camino, se cruza y trae consigo la lógica del matorral.
Es un bicho de nombre popular que, a partir de hoy, designa esta
comunión.
Como pueden ver, nos vino en suerte ser de las ponzoñosas
y no de las fuertes cazadoras.
No importa, nuestro amable veneno será leído y, tal
vez, convertido en antídoto, allá, en el frío
serpentario de sus pantallas.
Otra vez por las ramas, vestida de colores, la desprestigiada culebra
repite sus invitaciones a las gentes del nuevo paraíso.
Sean todos bienvenidos y
¡Larga vida a su majestad Basilisco!
(Única autoridad reconocida por este grupo editorial).
PESCADOR,
LUCERO Y RIO.
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