|
de Esther Fleisacher
Inmigrantes
Como
un sobresalto del pasado
el lento desembarco
el calor se pega como otra piel flácida.
Un niño llora en yiddish,
sus padres ignoran que en estas tierras
agua se dice agua.
Un
anhelo confundido
una traducción imposible
el dialecto materno parte la mirada
del niño que se volvió hombre.
Su
mujer parió hijos
y desde siempre supimos decir agua
para aliviar la garganta reseca.

Signos
Antiguos
En
el bus
la mirada insiste en un rostro,
en una mano cogida del tubo
o en una manga sisa.
No
es belleza ni coquetería.
No sé si son las ojeras,
las uñas desiguales
o la redondez de un brazo.
No logro descifrar
si se trata de signos antiguos.
Tal
vez la tía Esther (llevo su nombre),
enterrada en Egipto,
quiere revelarme algo
y no encuentra la manera.
Hablamos lenguas diferentes.

Secreto
designio
a
mi padre
-
I
-
El rostro sereno
las cobijas permitían tu contorno
sin el vaivén de la respiración.
¿Qué
anhelo celeste se urdió intimamente
develó el éxtasis de las tinieblas
y preferiste seguir durmiendo?
No
hubo premoniciones
ni mariposas negras en el quicio de la puerta
ni desesperados aleteos contra la ventana.
Dormíamos
desprevenidos sueños terrenales
tú cumplías un secreto designio.

Niñez
En
el sueño brincábamos juntas
(la amiga de la infancia y yo)
queriendo alcanzar un mango verde
pero cada vez estábamos más lejos.

Masticar
tristezas
- I -
Cuando el alma se ocupa
en masticar tristezas
el cuerpo huérfano olvida el nombre
las palabras parecen arrumes
de vestidos pasados de moda.
-
II -
El alma distraída
no se detiene en el Gualanday
no escucha el crujido fino de las flores en el piso
el lila no adorna la mirada.

El
sillón rojo
Nunca
supe encontrar mi ciudad en el mapa
la geografía fue los muebles de casa.
El sillón rojo,
donde acurrucada fingí dormir
escuché a los mayores
y no entendí esas risas
que hacen eco en mis sueños.

La
mirada lila
La
lectura del poema
recorre el cuerpo y
convoca la mirada lila.
Inesperado regodeo en lo bello,
breve aleteo, viento fresco.
Susurro,
rasguño, huella
del hombre en la palabra,
de la palabra en el color,
del color en el alma y en la respiración.
El
exilio de sí sonríe para adentro.

Extraviar
las sombras
a
José Manuel Arango
Solitarias
lecturas en voz alta
un gesto nocturno
para extraviar las sombras.
Imperceptible
un mundo se instala en el mundo
un manto transparente cubre las montañas
una íntima entrega festeja la memoria.
Y todo se ve igual pero distinto
como el parque después de la lluvia.

Lamento
antiguo
a
Vicente Huidobro
Un gato agazapado
sostiene las palabras
al borde de la nada.
La
tierra gime un lamento antiguo.
Una
imagen subterránea renueva la mirada
despliega un manto de arabescos
alguien cubre su desnudez
y sonríe.

Tanto
sentimiento
a
Helí Ramírez
Punza
el corazón
los niños trabajadores de la calle
los pensamientos en casas apretujadas
las escaleras que reptan la montaña
y los muchachos con alma
pero con mirada de revólver.
Tanto
sentimiento, tanta intensidad
no sabe uno
si es el poema o la realidad.

|