Durante el montaje de las Instalaciones de Elías
Heim en el Centro de Artes de la Universidad EAFIT, el artista caleño
ofreció una serie de charlas sobre la escultura contemporánea
y sobre el proceso de diseño y construcción de sus instalaciones,
en especial el "CONSOLADOR DE ESPACIOS SOLITARIOS, EVOCACIÓN
CINÉTICA DE UNA TORTUGA INVERTIDA, NARCISO" participante
en la Bienal de Sao Paulo e incluida en esta exposición.
A través de éstas conversaciones se descubren nuevas facetas
del proceso creativo en la obra de Elías. Sus proyectos se consolidan
tras un largo período de formación durante el cual, y
desde el instante mismo de la invitación, cada pequeño
suceso, cada encuentro y cada asociación, se registra y relaciona
con el acontecimiento, el lugar y las circunstancias. Y se convierten,
además, en un pretexto para orientar la búsqueda, la cual
se da, al fin de cuentas, como una respuesta existencial. Cada uno de
los proyectos se acompaña de una larga y silenciosa historia,
independiente y rica, como los artefactos finales.
En su proceso creativo, los museos se dan como una referencia conceptual
explícita y como materia prima. Después de Marcel Duchamp,
piensa Elías, los criterios de validación de la obra de
arte se juegan en los límites del museo, tras la retirada de
los preceptos de la estética clásica. Pero de los museos,
Elías se interesa, no por su función convencional, la
de exhibir y conservar obras de arte, sino por una tangencial, periférica
e invisible para el público. Cada gestión del museo se
transforma en un argumento para él: los seguros, el papeleo,
el transporte, el mercado, las marcas de un helipuerto inservible por
los arboles cercanos, los agujeros resanados una y otra vez en las paredes
del museo, sus inundaciones y sus padecimientos silenciosos, como también
sus tristes soledades. En fin, todo, menos las obras allí expuestas.
El artefacto "CONSOLADOR DE ESPACIOS SOLITARIOS, EVOCACIÓN
CINÉTICA DE UNA TORTUGA INVERTIDA, NARCISO", por ejemplo,
se origina de su andar por las calles europeas, donde observa los lugares,
su arquitectura y sus habitantes. Toma nota de las formas, de la relación
de los objetos con la escala humana y de las múltiples soluciones
tecnológicas. Todo encuentro hace parte de un minucioso azar
regulado por un deseo que él traduce poéticamente en la
construcción de sus anatomías mecánicas, especies
de animales o plantas mitológicas que además de máquinas,
responden a sentimientos y tienen una historia.
La escultura, dice Heim, surge del diálogo entre el museo y el
espectador, es una relación, es algo versátil dentro de
un espacio, que lo transforma. Y el artista, un operador social que,
a través de sus artefactos, señala algo inquietante o
anómalo, hace un diagnóstico y, como un médico,
busca proveer alivio. Sus artefactos por eso, dice Elías, son
terapéuticos, como la caricia amorosa que consuela -y cura de
manera simbólica- el llanto del niño cuando se lastima.
En este caso, la enfermedad que Elías señala tiene que
ver con un síntoma: la soledad de los museos en Latinoamérica.
Vacío que se impone de la comparación norte - sur, centro
- periferia, dice él.
En el viejo continente, Elías visita las tres grandes exposiciones
retrospectivas del momento: una de Cezanne, otra de Van Gogh y otra
de Vermeer. Las filas para entrar a los museos son interminables, aun
cuando las boletas se venden en horarios predeterminados. Elías
registra este hecho con un tacómetro , el cual le permite, no
ya medir la velocidad, sino el revuelo producido en el aire por la presencia
de la multitud. En la exposición de Van Gogh alcanza hasta 2,500
revoluciones por minuto, (no entiendo lo que esto sea, pero su expresión
me dice que es un número muy alto). Cuando Elías llega
a Bogotá repite la medición. La aguja del tacómetro
no se mueve. Los museos en estas tierras están solos. Es una
conclusión, pero también una pregunta, y estas instalaciones
son su producto.
El CULTIVO DE VIENTO es una obra reciente, un tecno - jardín
cuyas flores, como molinos de viento, son accionadas por unos motores
como respuesta a una acción térmica de la luz, generando
un viento similar al producido por 2,500 espectadores, en este caso,
fantasmas. Es una cultivo para multiplicar el público de los
museos, una democratización simbólica de la educación
en el arte.
El título de sus instalaciones completa la labor constructiva
de los artefactos, es un mecanismo de síntesis de todo el proceso,
una guía poética, más no gráfica. Para el
caso del "CONSOLADOR DE ESPACIOS SOLITARIOS, EVOCACIÓN CINÉTICA
DE UNA TORTUGA INVERTIDA, NARCISO", el título insinúa,
sin cerrar caminos. Además de consolar espacios solitarios, el
artefacto, dice su título, es la evocación cinética
de una tortuga invertida cuyas prolongaciones - camas, pétalos
- se encogen y se distienden accionadas por unos tubos flexibles por
donde sale aire, unidos a un tubo principal - un falo, dice el crítico
Miguel González - que recoge nuevamente el aire. De esta manera,
el aire está en continua circulación, como el aire revuelto
de aquellos museos multitudinarios. Museo y aparato se satisfacen mutuamente
en un abrazo como narciso confundido con su reflejo, ambos se consuelan
en su soledad y aislamiento en una acción fecundante y compensatoria.
Pero, a pesar de todo, no están solos, ni su acción es
inútil. Las personas están presentes en su ausencia, como
promesa y esperanza. Las personas, dice Elías, se incluyen, pero
en su falta, en su huella, en su negativo: como fantasmas.
Sus artefactos traducen soluciones tecnológicas en apariencia
complejas que les permiten moverse, caminar, acariciar, consolar y simular
situaciones perceptuales. Esta traducción tecnológica
plantea una reflexión política sobre el desarrollo, sobre
la modernidad y la modernización en países como el nuestro,
donde las multinacionales buscando mano de obra barata, tienen sus centros
de producción con tecnología de punta. La tecnología
entre nosotros no es algo desechable que va renovando los ambientes
para la vida, como en los países desarrollados sino, por el contrario,
un objeto de admiración y culto. El equipo de sonido y la televisión
son lo más fundamental de una casa. Nuestros carros tardan muchos
años en morir.
Desde que sus obras están en la Biblioteca de la Universidad,
también mi lugar de trabajo, de tanto en tanto me inquieto por
la cercanía de unos helicópteros, me recuerdan que estoy
en una situación de peligro y de guerra. Al momento, y con alivio,
cuando reorganizo mi experiencia reconozco que el sonido viene de abajo,
de los artefactos de Elías instalados en primer piso del edificio.
Son las ANOMALIAS NECESARIAS PARA MANTENER UNA ISLA DESIERTA. El museo,
dice Elías, está desierto de obras maestras. Recuerda
las instrucciones que recibió para su participación en
la Bienal de Sao Paulo, donde decía que las obras maestras por
su costo, se transportarían en helicóptero. En el techo
del Museo La Tertulia de Cali hay unas marcas para un helipuerto y un
gran árbol las hace inservibles, no hay obras maestras en Colombia,
piensa....y así, sucesivamente empieza a tejer sus historias
fascinantes que van generando sus artefactos sensibles y reparadores,
los mismos que uno acaba uno queriendo por su discreta nobleza.
Medellín
Noviembre de 2000
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