El Garro:
Por Carlos Bermudo
El Santuario, Antioquia. 1962. Taxidermista y biólogo.

     

Onicófago. Ruñe los dedos cansados de quienes sestean en ancianatos, bancas o clínicas, aprovechando el descuido al que normalmente se somete a las personas provectas. Allegados a las víctimas ven en las marcas dejadas por el Garro y en las explicaciones ofrecidas por los ancianos, una cíclica y triste reaparición de hábitos infantiles.

Marcos Roldán, al describir el ataque del que fue objeto, se refirió con serenidad a un niño-lobo que permaneció acurrucado a sus pies durante pocos minutos. Los diarios sensacionalistas de Santiago de Cali (Colombia) registraron el acontecimiento sin sorpresa de sus lectores.

Algunos entendidos explican la incómoda dieta del bicho en la necesidad que éste tiene de mantenerse joven y pequeño; es bien sabido por todos que las uñas constituyen una vertiginosa marca corporal dejada por el paso del tiempo. J.M. Willot en su libro "Superbe", confirma esta dependencia alimenticia en el Garro Occitano y además apunta la utilización de un sólo diente por parte de la bestia.
Un penetrante olor a ajenjo precede a cada una de sus apariciones.