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Nota
de la dirección (Revista Dyna):
Iniciamos
hoy la publicación de un diario de viaje cuyo autor no imaginó
que pudiera ser conocido por otras personas que no fueran sus compañeros
de excursión o sus familiares. Ello explica algunas incorrecciones
que a lo largo del escrito encontrarán los lectores. Nosotros sabemos
que esas notas graciosas de intenso sabor aborigen fueron escritas hora
tras hora a medida que llegaban los hechos en la inclemencia del medio,
sobre un áspero banco de madera, en el pasamano de un leve barquichuelo
que sacudían las olas o quizás sobre las rodillas entumecidas
por una larga e incómoda posición; y así llegaron
a nuestra manos indiscretas, y así las entregamos al público.
Pedimos perdón a Delio y pedimos perdón a doña Ligia,
su hermana, dueña exclusiva de este diario. El placer que nos hemos
proporcionado leyendo las Instantáneas de Viaje y la información
que tendrán los lectores de nuestra revista acerca de nuestro hermano
El Chocó y del injusto aislamiento colombiano en que vive, bien
vale el disgusto que les causaremos; por eso no esperamos su reproche.
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ellas
Junio
20 -1934-
Un
pitazo estridente y prolongado, una columna de espeso y negro humo;
una fuerte sacudida y luego la marcha, lenta al principio definitiva
luego. Atrás se queda la ciudad que poco a poco se despierta
de su sueño reparador para reanudar sus actividades diarias.
Vamos en un carro de 1a. del Ferrocarril de Antioquia, en la sección
Medellín - La Pintada. Somos en total 21 excursionistas de
la Escuela Nacional de Minas, de los cuales dos son profesores y
el resto estudiantes de 4o. año. Los observo uno por uno:
el doctor Roberto Wokittel, alemán, hombre maduro, serio,
es el prototipo del germano; el doctor Antonio Durán (a.
el Negro), muchacho recién graduado, moreno, adiposo y que
todavía no ha dejado de ser pato; nosotros los estudiantes,
el menor de 21 y el mayor de 27 años, alegres, optimistas,
medio bohemios, amigos de reírse de todo, pero incapaces
de hacer mal a nadie.
En el asiento que está delante del mío, Naranjo, ultragodo,
lee "El Colombiano" a Zapata, liberal recalcitrante que
refunfuña por lo bajo. Dos o tres van callados, medio tristes
quizás por el recuerdo de la madre o la novia que dejan;
ya les pasará esa tristeza. Los de más allá
hacen proyectos heroicos para el futuro: rascas monumentales, conquistas
amorosas en todas las ciudades que visiten, etc.
Miro por las ventanillas; parece que estuviéramos quietos
y que el paisaje se moviera vertiginosamente a nuestra vista. Es
necesario tomar un punto de referencia lejano para darnos cuenta
de que somos nosotros los que nos deslizamos por las interminables
paralelas grises.
Pasamos en estos momentos por la región de los carbones terciaros
de Amagá, que constituyen una riqueza fabulosa para Antioquia.
Me siento con hambre; no he desayunado; voy al vagón restaurant
y me como de una sentada tres chorizos, dos arepas y una taza de
café con leche, inmediatamente reacciono y mis ideas son
mas lúcidas; comprendo que hay una estrecha relación
entre el estómago y el cerebro, por que el hombre hambreado
no piensa. Será que el centro de nuestros pensamientos radica
en el estómago, quién sabe! Estudiaré después
esta importantísima cuestión con más detenimiento.
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Las
casitas de los campesinos lanzan al espacio el humo de sus hogares,
que sube verticalmente al cielo como si fuera un sacrificio ofrecido
al Dios de una religión exótica; este humo es el índice
fiel de la constancia de la campesina antioqueña, tan sufrida
y abnegada.
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Junio 25
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Los quibdoseños admiran que hallamos venido a pie por esta
mala trocha y califican el acto de hazaña; nos sorprende
encontrar monedas de todas las nacionalidades, y de todas la época;
chilenas, peruanas, ecuatorianas, panameñas, guatemaltecas,
francesas del tiempo de upa, marcos alemanes, cincanas del antiguo
Estado Soberano de Antioquia, morrocotas de la Nueva granada, mejicanas,
costarricences, yanquis, canadienses, etc. Hay monedas de treinta
centavos, de cuarenta, de veinticinco y de todos los valores imaginables;
no nos acostumbramos a esta moneda y pedimos nuestra vuelta en la
moneda que conocemos. Los chocoanos conocen muy bien todas estas
monedas y mientras más antigua sea, más valor tiene
ante ellos.
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A
las 9 p.m. nos dan una cena en la que abunda la cerveza, el helado,
la carne de pisco, los discursos, la música y las epilepcias
de la rumba, que es ejecutada aquí con primor.
Nos acostamos a las dos de la mañana.
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Junio
27
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Salimos,
sin almorzar, a las 11 y media de la mañana en la misma lancha
en que habíamos montado el día anterior; viajamos
contra la corriente; a lado y lado se ven las chozas de los negros
nativos. (...)
A las 6 y media atracamos en Tocoyodó, Bill es caprichoso
y no quiere exponer su lancha, tenemos que permanecer en ésta
largo rato porque el aguacero nos deja salir.
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Al
rato resolvemos desenvarar en medio del chaparrón. Tocoyodó
es otro caserío; entramos a una casa grande, parada en zancos,
habitada por negros. Mandamos preparar la comida; con los dos ayudantes
de la lancha somos 23 los comensales; por esto nos toca a cada úno
unos granitos de arroz sudado que caben en el cuenco de la mano,
dos pequeñas papas cocinadas, un durazno y aguapanela; yo
de esta tomo mucha para llenar; como todavía me silvaran
las tripas de hambre y recordando que al medio día habíamos
comido queso en la lancha, pregunté: " ¿Qué
sonó hay ?" a lo cual me respondió Toño
Escobar "¡Quién sabe qué sonaría
!" Ni aun el hambre les quitaba la sana alegría de la
juventud.
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Junio 29
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Siempre
escojo la pequeña porque son más veloces y a mí
me trastorna la velocidad; el doctor toma fotografías de
nosotros desde su champa; este río es pequeño y de
poca profundidad; los bogas no obstante esto, dicen que si la canoa
se voltea, nos ahogamos porque "paisa no boya sino a los tres
días en Andagoya".
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Uno de los negros de la otra champa se enreda en un palo y se va
al agua; sale sin gran dificultad porque son buenos nadadores. Los
bogas entonan canciones melancólicas; es el canto nostálgico
de una raza expatriada y sin esperanza.
Las lianas y bejucos cuelgan de los árboles y forman como
una cortina doble de verdura.
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Julio
1
(Istmina)
Por la mañana vamos a misa; nos admira ver los pocos hombres
que asisten a este acto; como al final hay procesión con
el santísimo, nosotros tenemos que ir a coger el palio.
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Nos
envían una nota del Concejo Municipal de esta ciudad en que
se nos declara huéspedes de honor. El Prefecto Provincial,
persona atentísima, está en todo lo de nosotros: ve
que nuestras camas estén blandas, que el agua no escasee,
que la comida esté lista.
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Salgo
a conocer el pueblo; tiene calles rectas, todas sus casas son de
techo de zinc y madera, la mayor parte de dos pisos. Tiene unos
2.500 habitantes en el casco.
Por la tarde, don Antonio Asprilla, que es el nombre del prefecto,
nos invita a un paseo a pie por los alrededores. Amenaza lluvia
y no voy.
Como me quedo solo, para matar el tiempo voy a dar una vuelta; me
interno por una calle excéntrica; en los quicios de las puertas
las mujeres alimentan a sus niños de pecho sin preocuparse
por el que pasa.
En las afueras de la ciudad hay unos indios alojados en una casa;
tienen una lora y con el pretexto de comprarla entro en conversación
con ellos; los hombres son muy abordables; estos y las mujeres no
llevan más que el taparrabo; me siento a departir con ellos
amigablemente; del interior sale una indiana con sus senos erectos
al aire; la saludo y no me contesta; el marido le dice que "bien
puede hablar a paisa", es que las indias no hablan al forastero
sin permiso del marido; es muy bella esta indiecita semidesnuda
de 18 años. Me dice que son de Pavarandocito y que tienen
una tierrita en las cercanías de Istmina.
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Julio
2
(
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A
las 9 y media desembarcamos en Andagoya, este es el centro de operaciones
de la compañía minera Chocó - Pacífico.
Hay que hacer notar que estos gringos nos habían puesto un
telegrama a Medellín en que nos decían que no nos
podían recibir porque no tenían buenas comodidades
para nuestro alojamiento.
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A
pesar de esto desembarcamos dispuestos a no recibir nada que venga
de ellos.
Nos recibe Mr. Marshall en persona: todavía se le ve la herida
que recibió en la cara al caer del "Von Krohn".
Nos invita a almorzar: le decimos que no tenemos tiempo; le envían
al doctor Wokittel dos emisarios colombianos que trabajan aquí
para lograr de nosotros que recibamos algo; pero el doctor permanece
inalterable en su determinación; le ha dolido en el alma
el desprecio que nos han hecho; ¡Gracias, doctor Wokittel
por esa altiva actitud!"
Estos místeres tienen aquí toda clase de comodidades
para explotar al colombiano: admiramos un gran taller de reparaciones
donde hacen toda la maquinaria que necesitan; en un gran laboratorio
separan el oro y el platino de los minerales estériles; tienen
canchas de tennis, foot-ball, balón-cesto, inalámbrico,
radio, teléfonos, plantas de hielo, etc.
En el embarcadero damos un ¡Viva! unánime a Colombia
y continuamos el viaje en nuestras champas por le Río Condoto.
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Julio
4
(...)
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A
las 11 a.m. entramos a Buenaventura; la rada es una inmensa herradura
en la que el oleaje se quiebra, de manera que las aguas de la bahía
son muy tranquilas. Buenaventura es un puerto muy poblado y animado,
está situado sobre una pequeña isla; hay aquí
una gran colonia china que regaló una estatua pedestre del
libertador en bronce y con hermosas alegorías en las caras
del pedestal; continúan activamente los trabajos de reconstrucción;
cuando ésta termine, irá a quedar muy presentable
nuestro primer puerto del pacífico.
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Julio 5
Salimos a las 8 a.m. en un tren que el gobierno nacional puso a nuestra
disposición; vamos con unos ingenieros bogotanos que dirigen las
obras de construcción del puerto. (...) La poderosa máquina
que nos lleva desciende por fin al valle. No hemos divisado a Cali desde
ningún punto de la montaña. Por esto la Sultana del Valle
es una grata sorpresa para el viajero del ferrocarril del Pacífico;
sin darse uno cuenta está en la ciudad. Llegamos a las 6 de la
tarde, después de recorrer 176 kilómetros.
Julio 8
(Popayán)
(
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En el cruce de la carrera 5a. con calle 3a. hay tres casas históricas:
en la una nació Caldas en 1788, en la del frente el general Tomás
C. Mosquera y en la diagonal Julio Arboleda. En la que nació Tomás
C. Mosquera viven hoy una nietas del general que están haciendo
un museo de curiosidades históricas; fuimos a verlo y nos mostraron
entre otras cosas lo siguiente: los bustos en mármol de Bolívar
y Mosquera, hechos por Tenerani; una hermosa espada con empuñadura
de oro y piedras preciosas, hoja y vaina de platino martillado, regalo
del congreso del 41 al general Mosquera; las medallas de Cuasput y de
Tescua; un legajo de cartas de puño y letra de Bolívar,
y entre ellas una en que trataba a los peruanos duramente; cabellos del
mismo; la banda de la legión francesa, regalo de una dama de la
corte napoleónica al Libertador; cabellos de Napoleón Bonaparte,
regalo de Napoleón III a Tomás Mosquera; estos cabellos
están autenticados por una carta del monarca de los franceses al
general colombiano, carta en francés que leímos; las amistades
de Napoleón III y Mosquera se deben a que el primero estaba casado
con la dama granadina Eugenia de Montijo, parienta próxima de Tomás
C. por lo Guzmán y descendientes ambos por línea directa
de Guzmán el Bueno. A las actuales nietas del general Mosquera
se les llena la boca al hablar de los blazones y heroicidades de sus antepasados.
Hay también en esta casa un óleo de San Jerónimo
hecho en 1777.
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Julio 12
A
la 1 de la mañana estamos en pie; mi fiebre ha quebrado; aunque
un poco desalentado, me siento bien; tomamos un camión y las 4
y media estamos en la Pintada. Dormimos un rato en el camión y
las 5 y 20 se pone en marcha el tren. Se repite, al contrario, el paisaje
que hace 22 días vivimos y a las 12 entramos a la capital antioqueña.
Traemos todos un acerbo de datos interesantísimos sobre la geología,
vías de comunicación, hidráulica, industrias, agricultura,
costumbres y porvenir de las regiones que visitamos.
El Chocó nos deslumbró por la belleza y esplendidez de sus
paisajes llenos de luz y color; por la riqueza fabulosa de sus minas de
oro y platino; por el porvenir halagüeño de sus tierras de
labor y de sus enmarañadas selvas, en las que no hace falta sino
el emprendedor campesino antioqueño; que con el hacha en brazo
audaz y recio, es un nuevo conquistador tan valiente y capaz como aquellos
otros bravos, que en los siglos XVI y XVII sacaron estas ubérrimas
tierras de la América del salvajismo secular.
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Voy
a ponerle punto final a este diario; pero antes tengo que consignar
los agradecimientos más sinceros a las directivas de la escuela.
Por habernos proporcionado esta interesante excursión, la
mejor en la historia de las excursiones dadas por la Escuela; y
es un deber de justicia de todos nosotros agradecer al doctor Wokittel
profundamente el interés y entusiasmo que presta a esta vueltas
científicas; él, un hombre ya maduro, con familia,
no tiene inconveniente en dejarlo todo y en ir a afrontar con nosotros
los peligros de la selva, los climas deletéreos, las malas
dormidas y cansancios inherentes a estos viajes. Eso es un hombre.
A sus sabios consejos y a sus oportunas medicinas se debe que hayamos
alcanzado el éxito rotundo viviendo todos aliviados.
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Otro
de los factores que han contribuido al éxito es la unión
y compañerismo que existe entre nosotros los estudiantes
de 4o. año y que todos admiran y reconocen. Aquí considero
también al doctor Durán pues lo miramos, no como profesor,
sino como compañero. Con gente de esta clase se va siempre
muy lejos.
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Epílogo
10 de
agosto
Hoy
hemos conducido a la última morada al que fue en vida nuestro compañero
de estudios y excursión. Una perniciosa adquirida en el viaje acabó
con esa preciosa existencia, que era una verdadera promesa para la patria.
Sobre su tumba derramamos muchas lágrimas, pues el vacío
que deja a nuestro lado nadie lo podrá llenar. Hay que ser estudiante
para saber el cariño que crea la comunidad de estudios, los mismos
triunfos, idénticas derrotas, etc.
Que Dios lo acoja en su seno.
Agosto de
1934.
Fin.
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