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La consideración de terminar -aunque sea temporalmente- con una de las fiestas más antiguas y mejor cuidadas, por doña Tera hasta hace poco y por Raimundo en la actualidad, genera opiniones repartidas. Hay quienes defienden su realización argumentando que, en un país en crisis como el nuestro, es necesario hacer un alto en el camino para que "el pueblo" se divierta y se distraiga. Del otro lado se encuentran los opositores, quienes se apoyan precisamente en la misma crisis para acabar con el Reinado. Para ellos es inadmisible que en un país que posee uno de los más altos índices de violencia en el mundo, en el que la tasa de desempleo en las zonas urbanas se acerca al 20%, en el que los grupos guerrilleros se paran y se sientan de las mesas de diálogo como cambiando de "camuflado" y en el que tenemos 458 policías y soldados secuestrados hace más de dos años, se celebren eventos como éste, que hace apología al despilfarro y a la superficialidad. Situándonos en un punto medio podría decirse que "ni mucho que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre". No creo mucho en aquello de "pan y circo", pienso que nada se justifica plenamente sólo por divertir, aunque ésta es una buena cualidad.
Apartándonos entonces del sentimentalismo y dirigiéndonos a la parte de la anatomía que más le duele al ser humano, el bolsillo, encontraremos una razón más de fondo para criticar el Reinado. La inversión, que en muchos casos -no en todos- se hace por cuenta de los candidatos electos como gobernadores y por ende nosotros los contribuyentes, en las aspirantes y que puede acercarse a los 30 millones de pesos, es una suma desfasada totalmente si se mira la situación de Colombia y es lo que debería hacernos sentir dolor de patria. Cabe anotar que no todas las candidatas son financiadas en un 100% por sus departamentos, algunas de ellas acuden al patrimonio familiar y en el peor de los casos a dineros "calientes", lo cual compete directamente a la Organización del Reinado y a su tarea de control, lo que no va ni a favor ni en contra de su realización.
Así las cosas, considero que la permanencia o no de este evento está determinada más por las cifras, que por sus características como certamen de distracción y entretenimiento. Pues aún me pregunto qué tan entretenido puede ser ver a veintiún jovencitas tratando inútilmente de salir airosas de los ataques de jurados y periodistas que no han podido entender que están en un concurso de belleza y no de inteligencia o de intelectualidad, por lo que provocan respuestas memorables como la dada por la candidata del Chocó hace algunos años, cuando dijo que de haber podido viajar al pasado hubiera ido a Roma, específicamente a Jerusalén, para conocer de cerca la vida de Jesús; o la de la Señorita Cauca que este año, cuando le preguntaron a cuáles mujeres quisiera haber conocido o conocer, respondió que a María Isabel Urrutia, a quien ya había conocido y a Lady Di que afortunadamente ya se había muerto. |
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