De la guerra y la semántica
Por Alejandro Gaviria

One wonders how many of us can recall a plain-speaking Evil
that crosses the threshold, saying: "Hi, I'm Evil. How are you?
Joseph Brodsky

En cuestiones semánticas, la mona que se viste de seda muchas veces mona no se queda. El lenguaje sirve para disfrazar la ignorancia, la ignominia y la sinrazón, y los eufemismos engañan a veces con su fulgor de baratija. Basta una mirada desprevenida a cualquier periódico para descubrir que estamos viviendo no sólo en el reino de las balas sino también bajo el yugo de los que tuercen el lenguaje para ocultar sus intenciones.

Los ejemplos sobran. Aquí va un pequeño diccionario para no iniciados:

Actores armados del conflicto: guerrilleros y paramilitares.
Actores desarmados del conflicto: sociedad civil (véase abajo).
Cese de hostilidades: no matar ni secuestrar.
Conflicto social: guerra.
Diálogos de aclimatación: botaderos de corriente.
Gesto de buena voluntad: cese de hostilidades transitorio.
Intercambio humanitario: trueque de secuestrados por presos.
Juicio revolucionario: ejecución sumaria.
Paro armado: toque de queda.
Retenidos: secuestrados.
Sociedad civil: gente.
Violaciones al DIH: crímenes atroces.
Raúl Fernando Zuleta "Zuleta"

Una cosa es decir que la sociedad civil reclama un cese de hostilidades, y otra muy distinta decir que la gente pide que dejen de matar y secuestrar. Por ello los actores armados (perdón!) han optado por los eufemismos. Ellos saben muy bien que si controlan el lenguaje podrán hacernos tragar su agria medicina bajo la disculpa manida de que es por nuestro propio bien.

Raúl Fernando Zuleta "Zuleta"
Como bien lo dice Joseph Brodsky, los mal intencionados nunca hablan claro. Su estrategia es bien conocida: si no puedes vencer al enemigo, confúndelo. Y confundidos estamos todos: daba grima ver a los secuestrados del Kilómetro 18, y hablo de los vivos porque los otros no pueden hablar, hablando de retenidos y retenciones. Sospecho que la única razón por la cual no hablaron de retenedores es porque esta palabra es desde hace rato dominio exclusivo de dentistas, ortodoncistas y dientitorcidos.

No cabe duda, estamos perdiendo la guerra de la palabra y el significado. Y ésta no es una guerra sin consecuencias, un simple lance de entrenamiento, sino el primer paso hacia la claudicación definitiva. Deberíamos pues comenzar a llamar las cosas por su nombre y a desdeñar los símbolos y los gestos de doble sentido. Y a propósito de símbolos, recuerdo una entrevista que se le hizo a doña Bertha de Ospina en las postrimerías del gobierno de Belisario Betancur. El entrevistador de turno le preguntó a la señora qué opinaba del proceso de paz. Y ésta contestó sin aspavientos y con una claridad que hoy añoramos: "cada que veo una paloma me dan ganas de matarla".

Raúl Fernando Zuleta "Zuleta"