| Al llegar a América
en lo mas alto de Los Andes, en lo que hoy es Perú,
casi en los límites con Ecuador, los españoles
encontraron un alimento consumido por los nativos, en diferentes
preparaciones, elaborado de variadas formas y que recibía
bien los condimentos, de textura blanda después de
cocido, de color entre blancuzco y amarillo, cultivado en
dos cosechas al año, era un tubérculo que iban
consumiendo a medida de los requerimientos y lo dejaban enterrado
mas de un mes desde la primera recolección, de muy
corto tiempo de cocción, bien al vapor, en fritura
o en agua.
Muy rápido en todos
Los Andes se cultivó esa solanacea, parienta entonces
muy cercana del tomate, la berenjena, los pimentones y el
tabaco, y un siglo después ya estaba en Europa y
de ahí, en uno mas, en el resto del mundo.
Y como con el tomate y
el pimentón, con el maíz y con tantos otros
productos nativos del continente americano, la dieta europea
es hoy inconcebible sin la PAPA o PATATA.
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Con el 80% de agua, el material
seco de éste tubérculo contiene carbohidratos, proteínas,
minerales y las vitaminas A, C, G y alguna parte del complejo
B.
Algo así como entre diez y quince toneladas por hectárea
es la producción del cultivo en condiciones adecuadas de
clima y de cuidado. Resiste bien el transporte, es económico
en relación a su volumen y capacidad nutricional y por
sobretodo de muy fácil preparación, no obstante
lo cual se encuentran recetas que exigen gran cuidado y práctica.
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