Desde algunas privilegiadas esquinas han llegado a rabodeají voces que la tildan de parroquial, de ensimismada en sus asuntillos de tercera mientras el mundo se agita con un estrépito a la vez demoledor y deslumbrante.
Nos preguntan acerca de la pertinencia de lo local cuando podemos acceder al mundo entero y sólo un clic convierte a los mapas y sus kilómetros en curiosidades de viajeros, que no navegantes.
La respuesta es a la vez resignada y pedante. Este pedacito de realidad nos tocó en suerte; no desdeñamos sus apoteosis de pacotilla, así como no dejamos de sufrir sus miserias, éstas un poco más resonantes. Tampoco ignoramos que cualquier valle entre montañas sea suficiente para que un hombre pueda advertir lo que ha juzgado más sublime, o pueda permanecer ciego ante lo que salta a sus ojos como una revelación. Y si queremos ir al extremo, a la inmovilidad fatal, Cavafis será el guía:
Raul Fernando Zuleta "Zuleta"
"… '¿Hasta cuándo mi alma va a continuar tan lánguida?
Donde vuelvo la vista, mire a donde mire,
de mi vida las ruinas negras las veo aquí,
en donde tantos años pasé, arruiné y perdí.'
No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.
Tras ti irá la ciudad. Y por las mismas
calles vagarás. Y en los mismos barrios envejecerás
y canas te saldrán en estas mismas casas.
Siempre arribarás a esta ciudad. ¿A otra parte ir?
-no lo esperes-, ya no hay barco ni ruta para ti.
Al arruinar tu vida aquí, en este rincón mínimo,
para toda la tierra tú ya la has destruido."

El ancho mundo sólo habita en las páginas internacionales de los diarios, lejos de los hombres y cerca de las delicadezas y las rudezas diplomáticas.

                                         


Raul Fernando Zuleta "Zuleta"

Desde el anonimato puede hacerse mejor la guerra a la sociedad, por eso florece el arte en las ciudades y se estigmatiza en los asentamientos más pequeños, en provincia. El límite entre ciudad y poblado no es fácil de trazar, sea que se hable de lugares donde la transicion es gradual, o en sitios como el nuestro donde es como vivir en dos sistemas de galaxias diferentes. Paul Bowles decía, al describir la dimensión de los asentamientos marroquíes, que un poblado se convierte en ciudad cuando de él no se puede salir a pie. Es un criterio práctico y deja la tediosa discusión para momentos menos valiosos.

Al caso colombiano también podría aplicarse un criterio arbitrario, por ejemplo, definir el límite de ciudad como aquella categoría donde sólo cabe Bogotá, así evitamos gastar tardes en listados de actividades culturales o argumentos escandalosos como la presencia de macdonals; la "vida nocturna" solía ser un argumento de este tipo.
Por fortuna, no es el tema del arte lo que florece exclusivamente en la ciudad, sino la condición del artísta, quien encuentra allí su público y su identidad con otros ociosos de la realidad. Que si es Medellín una ciudad, que si es o no Bucaramanga, o Pasto, o que Sincelejo o Riosucio… Donde quiera que esté la crítica al inclemente orden de las cosas, es decir, la creación artística, hay una ciudad cosmopolita alrededor.



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