[[ CÉSAR VALLEJO, PROSISTA ]]
Por: Ricardo Peña |
¿Qué
es eso de que "la gente pobre
está muy bien"? Si es pobre, no
puede entonces estar bien...
César Vallejo (1892-1938)
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En cierto manual de
literatura, el escritor y crítico R. H. Moreno Durán
establece que en el tratamiento literario del "mundo fascinante
de la mina" fracasaron desde César Vallejo en El tungsteno
hasta José Antonio Osorio Lizarazo en El hombre bajo la
tierra. A primera vista, parece evidente la razón que,
en el caso de Vallejo, hay en esta crítica: teniendo su novela
un título explícitamente minero, mineral, nada hay en
la prosa que lo justifique, pues el autor se concentra en otro tipo
de asuntos: los sociales y humanos que subyacen a todo el establecimiento
minero. Pero, ¿quién dijo a Moreno Durán que
la intención de Vallejo era hablar del hombre bajo la tierra?
A lo más, lo que el peruano pretende es una "minería
de la conciencia", donde toda pretensión de profundidad
se basa en el pensamiento, sentimiento o delirio humano.
Por lo menos el caso del agrimensor Leónidas Benites responde
a tales pretensiones: acaso lo más logrado de la obra sea la
forma como Vallejo penetra la consciencia de este personaje, de quien
comienza hablando con distancia ("...el agrimensor Leónidas
Benites, ayudante de Rubio"); después se interesará
en la descripción de su austera vida material y, finalmente,
penetrará en los oquedales de su interioridad para descubrir
sus delirios y angustias místicos (angustias que, al final,
devendrán en preocupaciones sociales y proletarias). |
La vida interior de Benites
-no del socavón- es uno de los principales escenarios donde
transcurre la obra.
La crítica de tiempos actuales ha censurado en Vallejo el
realismo rudo y la intención manifiesta -de ningún
modo latente- de denuncia. Para muchos, El tungsteno es una obra
maniquea (una simple fabulilla de dominadores y explotados) de temática
trillada. Si lo del maniqueísmo puede tener fundamento (en
efecto, Vallejo es directo y simple hasta la exageración
a la hora de ilustrar los oprobios de los potentados sobre los humildes,
de tal forma que su ironía es poco sutil y, además,
bastante artificial ), lo de la repetición de temas no es
plausible: no puede pasarse por alto que El tungsteno se publica
en 1931, y se anticipa a celebradas obras andinas del indigenismo
y del realismo social denunciante como Los perros hambrientos,
El mundo es ancho y ajeno (Ciro Alegría, 1938 y 1941,
respectivamente), Agua, Los ríos profundos, Todas las
sangres (José María Arguedas, 1935, 1959 y 1965)
y Huasipungo (Jorge Icaza, 1934). Tan sólo Raza
de Bronce (Alcides Arguedas, 1919) antecede a la novela de Vallejo:
pero en tal caso las diferencias estructurales y temáticas
son evidentes.
Al parecer, tan sólo Ciro Alegría -en el capítulo
13 de El mundo es ancho y ajeno, "Historias y lances de minería"-
continúa la temática de la mina insinuada por Vallejo.
Sin embargo, en cuanto al modo de estructurar la protesta social,
Vallejo es mucho más "teórico" que Alegría
y los otros novelistas: mientras que éstos recurren básicamente
a la descripción y comentario de cuadros dramáticos,
Vallejo pone en boca de sus personajes frases con doctrinas comunistas,
síntesis de la historia rusa y nombres como Kerensky y Lenin.
Caso muy distinto -por la forma ingenua de la prosa- es el que representa
el cuento Paco Yunque: aunque se trata de una pieza de hondura social
y de claras intenciones de protesta, el enfoque que le da Vallejo
es sumamente sui generis, pues el tono del cuento es netamente infantil
y, más que eso, responde a la cosmovisión de un niño,
Paco Yunque (esto mismo se presentará -por herencia
o coincidencia- en la obra postrera de José María
Arguedas, quien escribe desde el universo indígena).
Por eso, acaso Paco Yunque sea el primer -¿y único?-
cuento infantil de protesta social en Latinoamérica (¿la
"enfermedad infantil del izquierdismo"?); es claro que
no sólo se habla de la cotidianeidad angustiosa y oprimida
de un niño de provincia en la ciudad, sino que la narración
parece estar hecha por ese mismo niño -o por un igual: acaso
un otro yo-, de tal suerte que en el universo infantil puede hallar
perfecta comprensión (y acaso más de la que lograría
en el mundo de los iguales del adulto Vallejo). Y a tal punto llega
a concretarse una atmósfera sentimental y humana de este
relato que un editor español lo rechaza porque le parece
"demasiado triste". Y, en efecto, el cuento lo es: se
ocupa de la peripecia de un niño dulce en un mundo
triste (una situación trilce, sin lugar a dudas).
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