Tal vez los pasos del hombre
sobre la tierra sean líneas de un mapa insospechado, tal
vez ese breve curso es una forma de escritura .
Al final de Ciudad de cristal, primer relato de la Trilogía
de Nueva York de Paul Auster, Daniel Quinn se pregunta, entre
varias cosas, qué aspecto tendría el mapa de todos
los pasos que había dado en su vida y qué palabra
se escribiría con ellos. De esta historia y las múltiples
fragmentaciones de su protagonista, sabemos gracias a un cuaderno
rojo que él mismo utilizó para registrar la aventura
detectivesca que concluye con su propia desaparición.
 |
Quinn, escritor
de novelas policiacas bajo el seudónimo de Wiliam Wilson,
recibe una llamada telefónica que pretende contactar
al detective privado Paul Auster. Cansado de resolver crimenes
y misterios a través de su protagonista narrador Max
Work, Quinn decide suplantar a ese tal Auster y tomar el caso.
La misión lo lleva a Stillman, erudito excentrico obsesionado
con el lenguaje y su necesaria restauración, que pondrá
a prueba toda la paciencia de Quinn con lentos y extraños
recorridos por la ciudad de Nueva York. Estos paseos son registrados
por Quinn -o Auster, Wilson, Work- en su cuaderno. |
Esos dibujos nos presentan
lo que podría ser un mapa del Medio Oeste, un rectángulo,
un cero, la letra o; también una mariposa, un corbatín,
la dobleu; tal vez un peine, o la e. En fin, es posible que el anciano
escriba al caminar y que esas letras diarias hagan parte de una
palabra (tower) y de una expresión (tower of babel) que está
escribiéndose sobre la ciudad.
¿Pero quién lo lee? ¿Sabe acaso el caminante
que lo siguen? También es posible que todo sea chiripa o
delirantes explicaciones de un hombre que se fragmenta mientras
sigue a un lunático y escribe la historia en un cuaderno
que llegará a manos de Paul Auster, que no es un detective
sino un escritor que no supo ayudar al señor Quinn.
| No es éste
el único caso de 'caligrafía pedestre' que registra
la literatura contemporánea. De forma similar David
Lodge en su novela El mundo es un pañuelo , nos cuenta
como "El césped que ascendía suavemente
desde la orilla del lago artificial era una extensión
de radiante blancura, excepto allí donde una hilera
de pisadas, cuyas huellas se habían derretido en el
lento deshielo del día, pregonaba, en una enorme y
ondulante escritura, un nombre: ANGELICA |
 |
-Oh, Persse! -susurro ella-. Qué idea tan maravillosa.
Un poema de tierra".
Veamos entonces en Rabodeají -publicación rastrera-
el mapa de Nueva York intervenido por nuestro ilustrador siguiendo
los principios sugeridos por Auster.
|