Desde su creación,
el nuevo Papa ha sido tripulado por adolescentes originarios de
pueblos recónditos de la antigua Cortina de Hierro, quienes
desconocen la existencia de la doctrina católica. Para ellos
disfrazarse de Su Santidad es simplemente un trabajo más,
con un salario apenas mayor que el de Mac Donald's.
Superado el asunto de la imagen, la voz no se constituyó
en un problema, porque existían miles de grabaciones con
las palabras de Wojtyla. Inclusive redujeron los gastos creando
una pista de audio única, sin tener en cuenta la cantidad
de idiomas que supuestamente dominaba el desaparecido pontífice.
Al Papa se le entendía lo mismo, hablara la lengua que hablara.
Su rebaño aceptaba el ronroneo de sus sermones con la misma
pasividad que los viajeros acatan las frases ininteligibles de los
altavoces en los aeropuertos.
Ha sido tal el éxito de la medida que hasta los riesgos se
tornaron en ventajas. Algunos de los operadores del peluche, incapaces
de soportar las altas temperaturas interiores, han sufrido desmayos.
Pero esto no ha hecho más que dar matices a un personaje
que a sus años, y a pesar de estar muy conservado, es susceptible
de sufrir este tipo de afecciones.
Los resultados son más que satisfactorios y hay quienes
insinúan que otros grupos de poder están siguiendo
el ejemplo. Los analistas internacionales ya miran con desconfianza
a Fidel Castro. En cuanto a la fecha de muerte de Juan Pablo II,
no se necesita ser clarividente para adivinar que se encuentra
cerca. Los encargados de su conservación lo dejarán
ir pronto, ya ha cumplido su misión y las sospechas deben
ser acalladas. Obtuvieron lo que querían, es suya la clave
para perpetuar a los líderes que devolverán a la
iglesia católica su antiguo esplendor.