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El hombre construye en su lenguaje el cuento
de su existir y de manera explícita o subterránea,
con franqueza o con jesuíticos eufemismos, le da connotación
religiosa a todos sus actos.
No conozco un solo texto religioso en
el que no se haga mención explícita de las prohibiciones
o de las recomendaciones sobre el consumo de ciertos alimentos,
de la incompatibilidad de mezclar unos con otros, del peligro
físico y/o moral que el comerlos implica, de ciertas
épocas o días del año en que no deben
consumirse, y en fin, de la amenaza de fuegos eternos o dichas
infinitas si se observan los mandatos que a este respecto
nos dan.
Las carnes no han escapado a estos discursos, por el contrario,
son el centro de atención en casi todas las creencias
y religiones: que si la carne es de animal de casco hendido,
que si es de uno que se revuelca en la inmundicia, que si
es de vientre, que si es de pez que tiene o no escamas, que
si es de macho, que si es de hembra, que si...
Hay otros cuentos que llegan al otro extremo, algún
día en los llanos del oriente colombiano, mientras
consumía un sudado de boa, exquisita, por lo demás,
escuché que quien me servia el alimento decía:
"todo lo que eche sangre se come".
![ilustración [ Elsa Franco]](../library/images/ImgCocinol2.gif)
En Paris, o mejor en las afueras, en una de
las rutas departamentales a unos 25 ó 30 kilómetros
de la ciudad, a finales de los años 70 ó talvez
a principios de los 80, en un restaurante gitano, que haciendo
honor a su tradición, estaba situado sobre el platón
de una tracto mula y permanecía cinco o seis meses
en un sitio y luego emigraba hacia otro, no sé si para
abrir clientela nueva, o para huirle a la ya conocida, me
ofrecieron la exquisita especialidad del día:"Cucarachas
al Ajillo", por supuesto un hijo de Félix Zea
y María Llano jamás comería cucarachas
al ajillo o de cualquier otra forma, de todas formas me queda
la inquietud...
Todo el preámbulo hasta aquí presentado es para
decir que respetando creencias, todas legítimas, respetando
usos y costumbre, estados de ánimo y salud, experiencias
por comer o no comer, considero a la carne de res un alimento
extraordinario en sabor, en belleza, en nutrición y
en facilidad de preparación.
A veces basta un poco de sal y pimienta y se obtiene un extraordinario
plato, y si es con la complicidad del fuego lento, tanto mejor.
Todo lo que aquí diga no es más que el relato
de experiencias, nada es propio, son preparaciones leídas
allí, escuchadas allá, degustadas acullá,
pero sin excepción, todas han sido experimentadas por
mí y tiene entonces el sello que cada uno de nosotros
le da a nuestro hacer, incluido en éste, el cocinar.
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