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Empecemos por lo penúltimo:
La historia de Horacio,
una novela publicada en el 2000.
El tema para esta novela se me ocurrió la vez
que vi un documental sobre una familia de excéntricos
que vive en el campo, en Connecticut. Uno de los muchos hermanos
de la familia es tan nervioso que cualquier cosa, por nimia
que sea, el pinchazo de una llanta, la empleada de un almacén
que le sonríe, le produce conmociones tan grandes que
se tiene que sentar a reponerse; a veces hasta dormir una
siesta. El suyo es, pues, un estado perpetuo de exaltación
y terror.
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| Esta persona me
recordó a mi tío Jorge, de Envigado, que era muy
nervioso y se murió muy joven, y pensé que se
podía escribir la historia de alguien demasiado sensible
a quien la belleza y el horror del mundo desgastan muy rápido
y terminan por matarlo. Esa es La historia
de Horacio. Con ella me di el gusto de recrear el ambiente
de mi familia, en Envigado, durante los años 60; y al
hacerlo me sumergí tanto en el tema que por momentos
me sentí regresar al pasado, como con la máquina
del tiempo, y recorrer, mirando con detenimiento, la forma que
tenían las cosas en aquella época. |
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| Mi papá
y mis tíos Jorge y Fernando vivían en casitas
de campo vecinas. Eran, pues, tres familias que vivían
muy cerca unas de otras y formaban, un planeta propio. En la
novela el mundo exterior aparece, sí -se mencionan, por
ejemplo, las masacres de la violencia política; se mencionan
a los políticos culpables de esas masacres-, pero siempre
incorporado a la sensibilidad, al universo de la familia. |
Horacio es un hombre
débil y neurótico por naturaleza, y nunca logra
encontrar el sosiego que busca en su vida matrimonial, su esposa
no parece del todo generosa. Horacio se derrumba sobre sí
mismo.
Horacio está demasiado abierto al mundo sensorial, y
es allí donde está su debilidad (y también
su fuerza). A las personas así, creo, sus mujeres pueden
ayudarles sólo hasta cierto punto, acompañarlos
sólo hasta cierto punto. Es por eso que no creo que se
haya tratado de falta de generosidad de parte de Margarita,
su mujer, sino que, persona objetiva como era ella, con los
pies muy bien puestos sobre la tierra, simplemente reconoció
que sólo podía acompañar a su marido hasta
cierto punto y que de ahí en adelante a él le
tocaba cargar solo con Su Asunto. Pero es ella, en realidad,
la que le da el poco sosiego que Horacio logra en la vida. |
Un poco más de
La Historia de Horacio.
Hay dos personajes estrella. El primero es Jerónimo,
el hijo adolescente de Horacio, un muchacho de exquisita grosería.
El otro es Elías (Fernando González), a quien
no debe ser fácil tratar como personaje secundario y
desde una perspectiva familiar.
Al principio pensé que manejar al personaje que se parece
a Fernando González iba a ser difícil, pues se
trataba de alguien de mucha presencia y se corría el
riesgo de que se "robara la cámara". Pero como
Fernando, es decir Elías, al fin de cuentas había
sido todo ojos (cuando se contemplaba a sí mismo, por
ejemplo, lo hacía como mirando un paisaje exterior),
en realidad fue él quien me ayudó a mantener más
abiertas, o abiertas más a fondo, las puertas de la percepción
del fenómeno de Horacio.
En cuanto al muchacho..., bueno, pues fue un placer ponerlo
a decir barbaridades. Y tampoco resultó demasiado difícil,
pues por allá en los rincones de mi cabeza están
intactas, aún puedo oírlas, todas las expresiones
soeces de los adolescentes envigadeños de aquella época.
El tan sonoro "carechimba", por ejemplo, que mencionabas
en tu reseña sobre la novela, me parece que tenía
dos usos comunes: "Éste sí es mucho carechimba,
¿no?" y "¡Quéhubo carechimba!".
Ya me corregirás si me equivoco. |
| En realidad,
La Historia de Horacio
es tu última novela, pero queríamos reservar un
espacio de premier para la reciente edición de Primero
estaba el mar, tu primera novela,
publicada por Los papeles del goce, en 1983. |
| Cuando murió asesinado mi
hermano Juan, en Urabá, a pesar del inmenso dolor que
eso me causó, me di cuenta de inmediato que había
ocurrido algo que tenía las proporciones de una tragedia;
me refiero a las proporciones estéticas. Mientras el
dolor que una parte de mí sentía era a ratos casi
insoportable, otra miraba los hechos en frío, como alguien
que examina un árbol caído y calcula el tamaño
de bote que podría sacársele. Y eso fue lo que
hice: escribí Primero estaba el
mar, y muchas veces mientras lo hacía se me ocurrió
que estaba utilizando desvergonzadamente la muerte de mi hermano
para hacer literatura. Pero así y todo seguí escribiéndola.
Hoy pienso que fue un homenaje no sólo a él sino
a todos nosotros, a los que estábamos jóvenes
durante aquellos años del idealismo y el hippismo. |
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| Primero estaba el mar se publicó
en la discoteca El Goce Pagano y tuvo por eso mismo una difusión
un poco subterránea, contracultural. Muchos me hicieron
saber lo mucho que les había gustado. Gustavo Bustamante,
el dueño del Goce, de quien he sido amigo casi desde
la adolescencia, me escribía cada cierto tiempo a Miami,
a donde me había ido a vivir por esos días, diciéndome
lo que sobre la novela había dicho éste y el otro
entre los clientes de la discoteca. Los elogios me llegaban,
pues, de manera también un poco subterránea, por
amigos que me escribían, por gente que mandaba razones.
Y para mí aquello era más que suficiente. Había
triunfado. Aquello era el éxito total. |
Ahora, ¿cómo
es que una editorial comercial decide arriesgarse con un joven
de cincuenta años como vos?
Ve tú a saber. Puede ser que sencillamente le había
llegado el momento a la edición comercial. En realidad
nunca me he preocupado mucho por darme a conocer, y eso explica
que todavía en la feria del libro del año pasado
hubiera periodistas que me mencionaran como "joven escritor
antioqueño". Pues como no han oído hablar
nunca de mí, dan por supuesto que soy joven. |
Entremos un poco en
el mundo de Primero estaba el
mar, ahora que está en
letra recién impresa. Elena y J, una pareja joven de
Medellín, se va a vivir a Urabá, y su sueño
termina en tragedia.
La cosa con las tragedias es que sus personajes se ven siempre
arrastrados a la aniquilación por fuerzas, no sólo
que no pueden controlar, sino que además ayudan a crear.
En el caso de Primero estaba el mar,
la separación de los dos personajes es sin duda un paso
grande, el más grande, tal vez, hacia la muerte; y a
esa separación contribuye el clima de la región,
el mar, la selva y también la fuerzas inhumanas que se
mueven en el interior de cada uno de nosotros, los humanos.
Todo eso junto se vuelve una sola cosa, un fenómeno que
aparece como una flor o un relámpago terrible y cuyos
elementos las palabras ya no logran distinguir. |
Vamos atrás,
a la novela ganadora del premio Plaza y Janés: Para
antes del olvido. Parece un salto
en la línea técnica de tu trabajo.
Como al escribir Primero estaba el mar,
por pudor, porque uno con las tragedias, y menos con las de
su familia, no puede andar exhibiendo sus habilidades de escritor,
me tuve que mantener muy mesurado en el estilo, muy sobrio,
y muy simple en la estructura, al empezar Para
antes del olvido pensé que ahora sí, ahora
sí iban a saber de lo que yo era capaz, y le metí
exuberancia al estilo y compliqué muchísimo la
madeja estructural.
La novela fue un éxito, pues se ganó el Premio
Nacional de Novela del 87 y le gustó a mucha gente; pero
también dejó de gustarle a mucha gente. Yo todavía
no sé qué pensar de ella. Un día de estos,
cuando me quede tiempo, pienso sentarme a ver si se hubiera
podido escribir siguiendo una estructura más sencilla.
Todavía considero que el estilo ligeramente recargado
es el acertado.
Pero creo que, en todos los casos, la historia que se va a contar
es la que determina la técnica que se va a emplear. Pienso
que sería un error asumir la sencillez por principio,
pues si uno lo hace se negaría la posibilidad de escribir,
por ejemplo, sobre hechos que de por sí fueron intrincados
y que sólo admitirían un tratamiento más
barroco. |
Sigamos
con otras variaciones de tu obra. También has publicado
relatos: Los cuentos de El Rey
de Honka-Monka. Y además,
poemas: Manglares.
¿Qué lugar ocupan estos dos géneros en
la obra de Tomás González?
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Los cuentos
de El rey del Honka-Monka, por su tamaño y estructura,
en cierto modo son novelas cortas. Conocía bien sus temas
y tal vez los habría podido convertir en novelas propiamente
tales. Decidí escribirlos de ese tamaño por las
mismas razones que un pintor, por ejemplo, decide pintar su
cuadro en un lienzo más pequeño. Pero, como te
decía, de los cinco cuentos que componen el libro, sólo
uno, Víctor viene de regreso,
es corto.
En la actualidad trabajo en un libro de cuentos de menos de
diez páginas cada uno, y me estoy dando cuenta de que
para lograrlo hay que ponerse en cierto estado de ánimo,
en cierta longitud de onda especial. Y es que todo se condensa
y el texto se logra o se echa a perder mucho más rápido.
En poesía, que es algo todavía más veloz
y azaroso -parecido a pintar con acuarela-, en realidad sólo
aspiro a escribir un único libro, que tengo ya empezado
e incluso publicado: Manglares.
Lo que hay publicado son cuarenta poemas. Falta mucho todavía
para que sea un libro redondo y concluido. A veces los poemas
aparecen de repente, en rachas de tres o cuatro, y dejan de
aparecer durante años. De esos cuatro poemas a veces
hay que eliminar los cuatro. Por eso dudo que vaya a lograr
terminarlo algún día. |
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¿Cómo
logra un escritor responder a las exigencias del verso, y más
tarde a la construcción del lenguaje narrativo?
Aunque el camino de cada escritor es diferente, en cada caso
el lenguaje poético y narrativo se forma por el azar
combinado de sus vivencias y de sus lecturas. El proceso, a
mi modo de ver, consiste en trabajar con el lenguaje narrativo
o poético hasta que refleje la esencia de lo que se ha
vivido. El lenguaje narrativo o poético no es un fin
en sí mismo. Creo que es una tontería sentarse
a escribir con la intención de revolucionar el lenguaje.
Pienso que los escritores que lo han revolucionado, como Joyce,
lo han hecho de paso, casi por accidente, pues lo principal
para ellos era lograr que su lenguaje estuviera a la altura
de su realidad y la reflejara, como un gran espejo. |
Hace 20 años
que no venías a Medellín.
A Colombia voy cada año, por lo general a Bogotá,
Cali o Barranquilla. A donde no había ido hacía
20 era a Medellín. Y lo que más me impresionó
de la ciudad fue ver las distintas capas superpuestas que en
ella ha ido dejando el paso del tiempo. Me imagino que es la
gente que ha dejado de ir a un lugar durante muchos años
la que puede ver esas cosas con más claridad. En la plaza
de Envigado por ejemplo, donde han aparecido cosas y desaparecido
muchas otras, sólo la iglesia flota aún intacta
entre tanto cambio. Ver eso así, de repente, le hace
aparecer a uno el universo tal como es: es decir, fluido por
completo y transitorio. |
¿Cómo
es la cotidianidad literaria de Tomás González?
Cotidianidad es la palabra. Desde que vivo en EE.UU., es decir,
desde hace 20 años, he tratado de mantener una rutina
de escritura por la mañana y trabajo por la tarde. Hace
mucho tiempo que me gano la vida como traductor y revisor de
textos. Como trabajo en mi casa, para separar una cosa de la
otra salgo a trotar un rato a lo largo del East River todos
los días. Día tras día tras día,
con algo de lectura o de televisión por la noche. Antes
iba con cierta frecuencia a los bares, pues en el Lower East
Side, donde vivo, están los mejores de la ciudad, pero
desde hace como cinco años dejé de hacerlo, pues
el guayabo cada vez se demoraba más en irse y la borrachera
salía demasiado cara. |
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¿Qué
viene ahora?
Lo que viene es el libro de cuentos que te mencionaba antes.
Lo empecé hace poco y ya encontré el primer
problema serio, que me ha tenido varado los últimos
tres meses y todavía no da señales de resolverse.
Ya se verá qué pasa.
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