Del libro "m, n, ñ"
 
Se oye llorar y no se ve quien ll
-ORA: como el viento en el aire s
-e evapora la voz del dolor, ten-
ue murmullo inconsolable que rode
 
-a las cosas, el paso oscuro del+
mundo, la soledad arrojada bajo l
-a espesa concha de los días, ese
lento surgir del sufrimiento, que
 
cuenta las horas, los minutos, l-
os segundos como si fueran rocas,
piedras, arenilla que impide al a
 
-gua correr, al río su fluir, al+
sendero seguir la ruta silenciosa
. Se oye llorar y no se ve quién.


El árbol no tiene dueño. Es de t-
odos su sombra. Nadie puede decir
que el viento es propietario de s
-us áreas, que el pájaro que lle-
 
ga lo tiene de morada permanente,
o que las hojas no se cambian de+
casa. Es absurdo pensar en propi-
EDADES, cercar la tierra, alambra
 
-r los aires. Crecen sus ramas c-
omo quieren, dejan llegar la llu-
VIA, el sol y la luz de la 1. Flo
 
-rece para el que lo ama. Al cami
-nante le susurra aliento y a to-
DOS (al que llega y al que pasa)+
 
les perfuma los sueños les ofrece
albergue les regala savia.


Mariposas en mi cuarto
 
                      M
-ariposa en mi cuarto. Sueño revo
-loteando. Como una corriente de+
aire me despierta golpeando contr
-a las paredes. Tapa un ojo de l-
 
os retratos (PIRATA, pirateando),
como una isla se instala en los m
-apas. Sobre los libros, en los r
-incones, en la mesa como un pisa
 
-papeles diminuto, me acompaña en
los sueños. Y despierta agitando+
su vuelo como si entrecerrara los
 
párpados. Ventarrones que pasan y
contra la bombilla encendida quie
-ren ser Icaro calcinando sus ala
                       s.
 
Y desde el lecho sueño cómo he q-
uemado los barcos o de qué manera
he dado muerte a los caballos pa-
ra no regresar…



Nuestro retrato
 
Paso los dedos sobre nuestro retr
-ato: como raices salen, parece q
-ue husmean. No hay tierra sobre+
el papel. La tierra esta rodeando
 
mis pasos. En una cajita guardo l
-os retratos. No veo que las hue-
llas de estas horas queden. Pare-
cen hojas que se hubieran secado.
 
Vuelvo a mirar. Y veo que tus ojo
-s han cambiado. Algo brilló, al-
go infantil tenía nuestro pasado.
 
Tu cara me sorprende: serena y a-
legre como la mejor tarde, ojos d
-e cristalino lago. Mi rostro, el
  
que te acompaña, me gusta, me s-
orprende: no es amargura, son día
-s de lobato, la nueva generación
. Nada como esos días surcados. N
 
-o se parecen a la nave encallada
en este cuarto nocturno. Y veo qu
-e mi brazo te rodea sobre los h-
ombros. El tuyo circunda mi cintu
 
-ra. ¿Una rama, una liana, la boa
nos devora? Vuelvo a pasar los de
-dos sobre el retrato. ¿Quién de-
 
vora a quién? No puedo borrar la+
imagen en el tacto.



Es una hoja muerta
 
Es una hoja muerta, una simple h-
oja para el barro, quizá una mar-
iposa: habría que ver si vuela ro
-zando los troncos como una hier-
 
ba más entre las piedras. Es una+
hoja muerta, aprendió a volar ca-
yendo de lo alto: una rama muy le
-jana entretuvo su vuelo; pero o-
 
tras hojas, por temor o consancio
le abrieron paso, la dejaron caer
, feliz momento, el más feliz de+
 
la hoja, antes de ser humedad, s-
endero abierto, tapizado de hojas
que no vuelan, que perdieron col-
 
or, que se hacen tierra. Es una h
-oja muerta, con los días forma p
-arte del agua: es una estrella c
-omo las estrellas, el parche pi-
 
rata de las sombras, un loto en e
-l charco abandonado, la nave de+
un gusano, la tela de un pájaro.+
Es una hoja muerta recordando cu-
 
ando el viento llegaba murmurando
-le al árbol la canción de la sel
-va… Y los trajes del bosque c-
 
recían verdes, amarillos, dorados
como si fueran letras de un poema
para el sol y la noche. Es una h-
 
oja muerta que completa su marcha
: toda la vida cabe en una hoja.+
Los caminos darán paso a su vuelo
!



Le abro la puerta al viento
 
Afuera la borrasca. Adentro el ai
-re quieto, resplandece en silen-
cio. ¡Todo como un espejo reluci-
ente! Las cosas nuevas y limpias+
 
acarician mis dedos. Así pasó el+
tiempo: envejeció el sueño y se a
-flojó el cuerpo. Me animo y no m
-e anima, arranco y vuelvo de re-
 
greso. Al fin, cansado, dispuesto
a enfrentar todos los desvelos me
desarropo, me levanto como el res
 
-to de un remo que fuera a inicia
-r un viaje, otra aventura de Uli
-ses. Y le abro la puerta al vien
 
-to: la casa se hace vieja, se a-
podera el remolino de ella. La te
-la del sofá a retazos vuela. Tem
-o muerte tus ojos porque revelan
 
infiernos. Las paredes escurren r
-íos de niebla. Si alguna voz del
niño quedó, hablará con voz ronca
. Sobre el lecho crecen las orti-
 
gas. Las mantas tendrán el color+
de la paja. Se descarna la pintu-
ra de los marcos, se manchan los+
 
vidrios, y los duendes rompen las
ventanas. Les faltan tramos a las
barandas. Los escalones se bambo-
 
lean sobre el vacío: el viento l-
os pisotea insistentemente, el v-
iento que habita en los derrumbes
!

 
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