Hablando con Porfirio Barba Jacob

La tristeza del camino (fragmentos)

Ese viejo camino, rojo y largo,
que arranca de la margen del arroyo
a profanar el ópalo del monte
y va -tras el secreto de la cumbre-
en busca de inauditos valladares,
y se apaga por fin, pálidamente,
como una esperanza fugitiva…

Yo lo he visto una vez como si fuera
un luminoso resplandor alegre
en la monotonía del paisaje,
o franca nota juvenil, o una
sonora carcajada en el silencio
de la meditación… Y yo le he visto
a veces dolorosa-
mente, surgir en el azul lejano
de la vieja montaña más discreta
cual si anduviese a conquistar la dulce
vaguedad del confín… (así, en el alma
do a veces surge el monte del ensueño
pálidamente azul, pálidamente,
algún pesar el desengaño aviva,
algún viejo dolor se despereza,
como una obsesión conturbadora
de sangre y sangre, en ese azul piadoso).

Y he tornado a pensar que alguna noche,
en ronda jubilosa mis ensueños,
de la sierra por el viejo camino
se marchaban al mar peregrinando,
y que yo -doloroso y doloroso-
siguiendo con mi cruz bajo la sombra
sus huellas de mirífico perfume,
alguna vez a hallarlos tornaría-
acaso retozando en la ribera…
-Vana alucinación del pensamiento!
los sueños no se van por un camino,
se tornan viejos y se ponen pálidos
o se hechan a volar -bajo el crepúsculo-
en las límpidas alas de la música
o en las alas ligeras de los versos.

A ver, viejo camino taciturno…
Cuéntame ahora tu congoja. Dime
de tus hondos pesares, sensitivo,
que yo soy taciturno y sensitivo
también, como eres tú, bajo la muda
penumbra de mis desolaciones…
y déjame que aprenda en tu leyenda
y déjame inquirir en tus secretos
alguna mal desenterrada historia.

Háblame del horror de una conciencia,
de la extraña expresión de unas pupilas
y de la crispatura de unas manos
en la hora sin límites del drama
sobre tus flancos de silencio pleno,
entre tu soledad, bajo la ruda
tiniebla luto y luto de la noche,
cuando algún extraviado caminante-
un mendigo tal vez o alguna vieja
de allende los sinuosos lineamintos-
bajaba por la zanja de tu encono
como un ebrio fantasma silenciario.

Adios, viejo camino, tú que llevas
a mi verde campiña abandonada,
a mi antigua heredad abandonada,
a mi paterna casa abandonada…
Cuando yo me haya muerto, el mismo cielo
seguirá cobijando tus veranos;
cuando yo me haya muerto, el mismo ignoto
confín se llenará con tu algazara
de viejo bermellón…
y algún poeta
de brazo pusilánime y cobarde,
buscará tu leyenda y tus historias
bajo los versos lila de la tarde
y en las mañanas fúlgidas y ustorias.
Cuando yo me haya muerto, de los riscos
vendrán hasta el amor de tus laderas,
en busca de los pájaros ariscos,
los rapaces de sueltas cabelleras.
Cuando yo me haya muerto, jubilosas
las gentes te hollarán con su coturno
tendrás pesares, te orlarás de rosas,
¡viejo camino, viejo camino taciturno…!

De Poesía completa.
Bogota: Arango Editores. El Áncora Editores, 1988.

 
< regresar

 
 
 

 

 

  Artes Billete Cocinol Colmillo Comics Cuento Deporte Editorial Entrevista
Erótica Libros Mapa Opinión Poesía Portadas Célebres Créditos
Home
Mapa Contacto

 

Rabodeaji.com 2002®
Todos los Derechos Reservados