¿Los buenos sómos más?
Por: Daniel Hermelin

A principios de este año, en su discurso de "El estado de la Unión" frente al Congreso, el presidente norteamericano George Walker Bush bautizó como El Eje del Mal a tres países "enemigos de la democracia": Corea del Norte, Irán e Irak. No sé por qué, al oír esto, de forma intempestiva se me vino a la mente un recuerdo de mi infancia: el de los antagonistas de Los Superamigos, que en la serie de televisión con dicho nombre se llamaban La Legión del Mal 1. Sería interesante saber qué asesor le aconsejaría a Bush apodar así a esos tres países; quizás el moreno descolorido y ex general Colin Powell, su Secretario de Estado, o el aburrido y rancio cavernícola Donald Rumsfeld, su Secretario de Defensa. O quizás era la única contribución de la propia cosecha de Mister President a tal discurso, aunque dudo mucho que al célebre ranchero texano le alcance para comprender lo que significa un eje.

Sobra decir que hay otros países candidatos a hacer parte del Eje de Mal, si es que no hacen parte ya: Libia, la ahora República Bolivariana de Venezuela, Cuba (incluso, claro, tras la visita del ex presidente Jimmy Carter), entre otros. De esta manera se les hace sentir la amenaza de los dignos representantes de la justicia universal. Y ni hablar de lo que les puede esperar a aquellos, países u organizaciones, a los que se les otorgue la categoría de terroristas: el castigo les va a llegar en cualquier momento, más temprano que tarde. (Así digan las malas lenguas que Bush termina a menudo sus actividades en la oficina oval a las 5pm para cargar sus palos de golf, sus jornadas le alcanzan para planear cuanta caza de villanos amerite ponerse en marcha. Que no quepa la menor duda).
Ahora bien, eso de llamar Eje del Mal a los que se declaran abiertamente opositores del país más poderoso del planeta, no denota otra cosa que la imposición de una visión maniquea. Y nada más adverso a la construcción de un mundo democrático que el maniqueísmo. Creer que el mundo se divide en buenos y malos es un asunto que oscila entre la ingenuidad y la perversidad. Más aún, me atrevería a decir que tal vez los "más malos" son precisamente esos "buenos" que creen que las personas, los pueblos y los estados, sólo pueden observarse a través de la lente discreta, ésa que deja ver sólo dos extremos (el del bien y el del mal), y no a través de la lente continua que permite observar el espectro de la compleja realidad.
Los maniqueístas, que suelen ser seres para los que la autocrítica no existe, creen que las equivocaciones son exclusivamente ajenas, y no se les pasa por la cabeza la posibilidad de un mal propio, de un mal endógeno. Es el caso de buena parte de los dirigentes norteamericanos, que no asumen errores del pasado y mucho menos del presente. Hay que ver cómo hablan de Derechos Humanos Universales, y de la necesidad de avanzar hacia la democracia universal, cuando su reticencia a firmar la creación de un gran Tribunal Penal Internacional es digna de las más violentas dictaduras. Presionaron a los yugoeslavos para que enviaran a Milosevic a Holanda a enjuiciarlo por los crímenes de Kosovo y Bosnia-Herzegovina, y en cambio no quieren participar en un tribunal de esa naturaleza, que está aprobado por la mayoría de países miembros de la ONU. Y, sinceramente, no creo que semejante omisión sea sólo por temor a que le quiten el Premio Nóbel de la Paz a Henry Kissinger, ex Secretario de Estado de Richard Nixon (no hay que olvidar su colaboración con una gama de dictaduras de extrema derecha en América Latina, durante la década del 70, en sus planes más sangrientos y escabrosos).
Sin embargo, no se puede decir que esa patología del "aquí los buenos y allá los malos" es sólo un asunto de Walker Bush y su camada de Cardenales Richelieus. El problema también tiene carácter mundial. Basta con ver el auge de la extrema derecha en Europa, lo que constituye una peligrosa manifestación de la devoción por la dicotomía entre el bien y el mal. El 82% de Chirac no borra los más de 5 millones de votos por Jean-Marie Le Pen en Francia. Y ni hablar del triunfo de Jörg Haider en Austria ni del de Silvio Berlusconi en Italia; esto para no mencionar lo que ha pasado en Dinamarca, Holanda, Bélgica y Suiza. La extrema derecha europea, con su visión anacrónica y abyecta, olvida las causas de la inseguridad y el desempleo que dice combatir, y apunta impía sus dedos hacia los inmigrantes.
No sé por qué cuando hablo de Bushes, Le Penes y Berlusconis, me es inevitable invocar una famosa frase que se puso de moda en Colombia: la de "los buenos somos más". Y no sé por qué eso me hace pensar que le achacamos siempre a "los que son menos", males propios que, por lo visto, somos incapaces de reconocer. Como si obviáramos que La Legión del Mal está en cada uno de nosotros y que hay que negociar con ella, hay que buscar maneras de desahogarnos, para que sea menos devastadora. Como si ignoráramos que no existen ni existirán superhéroes que nos la puedan extirpar.
No, no hay ni habrá tales superhéroes. Ni antes ni después del 7 de agosto.

1 Que no sea tan sólo una reminiscencia para los de mi generación: se trata del programa en el que Superman, Batman y Robin, la Mujer Maravilla, Sam y Jaina, Linterna Verde, Jefe Apache y otros, se enfrentaban a Lex Lutor, Gatúbela, Acertijo, Bizarro, Manta Negra, etc. Lo presentaba Alejandro Munévar Domínguez, AMD Televisión, los sábados a las 8 am, los primeros años de la década del 80.



 

 

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