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Búrlase el camaleón moralizando
satíricamente su naturaleza


Dígote pretendiente cortesano,
llámete Plinio el nombre que quisiere;
pues quien del viento alimentarte viere
el nombre que doy tendrá por llano.
Fuelle vivo en botarga de gusano,
glotón de soplos que tu piel adquiere;
mamón de la provincia, pues se infiere
que son tus pechos vara y escribano:
si del aire vivieras, almorzaras
respuestas de ministros y señores;
consultas y decretos resollaras;
fueran tu bodegón aduladores,
las tontas vendedoras de sus caras,
sastres, indianos, dueñas y habladores.
 
Francisco de Quevedo y Villegas

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