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Joaquim Maria Machado de Assis Minimizar

Cientounario de la muerte de Machado de Assis

El 29 de septiembre de 1908 —el centenario se celebró recientemente— murió en Río de Janeiro Joaquim Maria Machado de Assis, esto es, el Flaubert de las letras brasileñas. De él escribió el inteligentísimo César Aira: “De todos los buenos novelistas que hubo en Latinoamérica en el siglo XIX, ninguno puede ponerse a la altura de Machado de Assis”;  mientras tanto, Harold Bloom lo ha considerado como el más grande de todos los escritores afrodescendientes de la historia. Su nacimiento, el 21 de junio de 1839 —también en Río de Janeiro—, había sido fatídico: hijo de un pintor carioca de brocha gorda y una lavandera de las Azores, Joaquim Maria nació mulato, epiléptico y tartamudo, y el destino lo hizo huérfano total a los once años. Tenía, pues, por qué ser escritor. Empezó como corrector de pruebas en A marmota fluminense, ágil revista literaria; luego se hizo traductor, se casó con una mujer que no habría de darle hijos —tenía, pues, por qué ser escritor— y debutó como literato en 1864 con la colección de poesías Crisálidas; su primer libro de cuentos fue, cinco años más tarde, Contos fluminenses, y su primera novela fue un libro para señoras, Resurreição, de 1872. Luego vinieron decenas de libros, entre los que destaca la trilogía novelística Memórias póstumas de Bras Cubas (1880), Quincas Borba (1891) y Dom Casmurro (1899), donde las descarnadas reflexiones de un muerto, la ingenuidad de un aspirante a adúltero y las confesiones de un huraño hacen posible la revelación de una profundísima filosofía de la vida cotidiana, además de que se convirtieron en un sólido pretexto para que los críticos empotraran el nombre del autor en el altar de la novela psicológica (intención autorizada por la contundencia del extenso relato “O alienista”, de 1882, en que se emprende una sugestiva definición de los límites de la locura). El escritor sobrevivió cuatro años a su esposa, y al morir sin descendencia actualizó la amarga alegría ya expresada por su personaje Bras Cubas: “Sumadas unas cosas y otras, cualquier persona imaginará que no hubo mengua ni sobra, y por consiguiente que salí tablas con la vida. E imaginará mal; porque al llegar a este otro lado del misterio, me encontré con un pequeño saldo, que es la postrer negativa de este capítulo de negativas: No tuve hijos, no trasmití a ningún ser el legado de nuestra miseria”.
Para participar —así sea con año y medio de morosidad— en la conmemoración del centenario de la muerte del escritor, Rabodeají ofrece una inédita versión castellana del cuento “Luis Soares”, incluido en la fundadora colección Contos fluminenses. La traducción es de nuestro devoto bibliotecario Ricardo Aldemar Peña, y esta primera entrega cumple con la efeméride; las siguientes materializarán la futura sección “Folletín Rabodeají”.

 Luis Soares



 

  

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